¿Has pensado cómo sería nuestra vida si en lugar de seguir todas las pautas consumistas de la sociedad tomáramos la decisión de vivir con menos?

Muchas veces nos sorprendemos de cómo nuestra casa o vida se va llenando, poco a poco, de cosas de utilidad dudosa que vamos adquiriendo sin mayor reflexión. Veamos un ejemplo: parece que cualquier máquina que reduzca un poco el esfuerzo físico resulta enseguida indispensable. Tomamos el ascensor para subir uno o dos pisos, o el auto para recorrer unos cientos de metros.

La idea de consumir con un poco más de sensatez, llevar un estilo de vida un poco más sencillo, o, en definitiva, vivir mejor con menos, se está popularizando en la cultura norteamericana y en la europea con el nombre de downshifting (podría traducirse como: desacelerar, bajar un cambio o simplificar). Para esto se parte del principio de que el dinero nunca podrá llenar las necesidades afectivas, y de que una vida feliz viene más por la calidad de la misma que por las cosas que poseemos o podamos poseer. Esta corriente de pensamiento no trata sólo de reducir el consumo, sino de profundizar la relación con las cosas para descubrir maneras mejores de disfrutar de la vida.

Ahora ya muchas personas, hartas de la tiranía de las comprar a plazos, los créditos, las hipotecas y la ansiedad por lograr un nivel mayor de ingresos económicos, comienzan a preguntarse si su vida no mejoraría al renunciar a todo ello. ¿No sería mejor gastar menos, o mejor dicho, gastar mejor? Esta tendencia, que se está extendiendo ya en muchos países, poco a poco, incluye la idea de alargar la vida útil de las cosas, procurar reciclarlas, buscar fórmulas prácticas para compartir el uso de algunas de ellas con parientes, amigos o vecinos. En todo caso, hay siempre un punto en común: el dinero no garantiza la calidad de vida tan fácilmente como se pensaba.

Los promotores de este estilo de vida buscan el modo de renunciar a caprichos y gastos superfluos hasta reducir sus gastos en veinte por ciento. Lo primero que hay que hacer es averiguar el grado de satisfacción que producen las cosas, para distinguir una ilusión pasajera de la verdadera  satisfacción. Con esta fórmula cada uno puede detectar los valores que le proporcionan bienestar y descubrir de qué puede prescindir, y así alcanzar paso a paso un equilibrio vital más satisfactorio.

Regalos que no cuestan un centavo

  • Cariño. Ser generosos con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de manos. Estas pequeñas acciones demuestran cariño y animan a que las personas tengan actitudes similares.
  • Una sonrisa puede despertar sentimientos muy agradables.
  • Las notas escritas. Esto puede ser un simple “gracias por ayudarme”; un detalle como este puede ser recordado de por vida y tal vez cambiarla.
  • Un cumplido. Un simple y sincero: “te ves genial, “has hecho un gran trabajo” o “fue una estupenda comida”, puede hacer especial el día.
  • La soledad. Hay días que no hay nada mejor que estar solos. Sea sensible a aquellos días y dé este regalo o solicítelo a los demás.
  • Disposición a  la gratitud. La manera más fácil de hacer sentir bien a la gente es decirle  cosas como “por favor” y “muchas gracias”.

M.B.O. ( Extractos del  folleto “Vivir Mejor” Copyright CPTLN-Chile )

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