Si llegaste a ser padre antes de los 25 años seguramente ya sabes que es un gran reto asumir esta nueva responsabilidad. Casi siempre, la noticia de que viene un bebé en camino está llena de ansiedad, de preocupación por el futuro. Y, siendo tan joven, los temores son mayores, pues sabes que las cosas ya no serán como antes.

Traer un hijo al mundo es una gran bendición, recuerda esto, incluso una oportunidad para ser mejores personas. Sin embargo, ten en cuenta que no será fácil, que deberás ser muy responsable para garantizarle el bienestar y la formación de tu hijo o hija y que habrá circunstancias que no serán favorables. Esto es sumamente importante que lo tengas en cuenta. Lamentablemente, una realidad muy común en nuestra sociedad es la paternidad irresponsable, por lo que muchas madres terminan asumiendo solas el cuidado de sus hijos.

Ser padre exigirá de ti más madurez. Es por eso que, para orientarte, te ofrecemos algunos consejos para que disfrutes de tu nuevo rol:

 

Cambia tus hábitos

Al ser papá joven, deberás tener en cuenta que tus hábitos de tu “vida pasada” ya no podrán ser los mismos. ¿Queremos decir con esto que no podrás divertirte en lo que resta de tu vida? No. Pero debes saber que ahora tu prioridad es tu hijo.

Un cambio que puedes esperarte, porque ocurre casi automáticamente, es que comiences a enriquecer tu círculo social con otros padres. Esto también es muy bueno porque compartirás con personas que se encuentran en una situación similar a la tuya, que experimentaron o experimentan tus mismos temores, y esto te ayudará a comprender que no eres el único padre joven en el mundo y te alimentarás de las experiencias de otros. Tus antiguas amistades las conservarás y compartirás con ellas en la medida en que comprendan tu nueva situación.

 

Padre joven a tiempo completo

Debes buscar espacios en tu agenda para formar a tus niños y compartir con ellos. Sabemos que con el ritmo de vida actual es complicado conseguirlo, pero es sumamente necesario que les dediques tiempo de calidad.

La mejor forma de demostrar amor hacia los hijos es pasar tiempo con ellos, no solamente para divertirse juntos, sino también para saber cómo se sienten, ayudarlos en sus tareas, conocer sus logros y fracasos y darles aliento. Una irregularidad en nuestra sociedad es la de los “padres ausentes”, y esto no tiene que ver con que los papás no vivan con los niños, pues se puede compartir el mismo techo, pero estar alejado de la vida de los pequeños.

Al comenzar el día, pregúntate: ¿qué puedo hacer hoy por mis hijos?, ¿qué más puedo hacer para compartir con ellos? Y al finalizar la jornada, reflexiona: ¿qué hice hoy por ellos?, ¿qué puedo hacer para tener más tiempo para estar a su lado?

 

Ni padres muy blandos, y mucho menos tiranos

La natural falta de madurez puede llevar a un papá inexperto a cualquiera de las siguientes situaciones: ser muy permisivo, lo cual no contribuye al fortalecimiento del carácter de los niños, o a una suerte de despiadado dictador que maltrata física y psicológicamente a los hijos.

En su carta a los Efesios, capítulo 6, verso 4, San Pablo afirma sabiamente: “Ustedes, los padres, no exasperen a sus hijos, sino edúquenlos en la disciplina y la instrucción del Señor”. Esto claramente nos dice que Dios, en su infinito e incondicional amor, se opone al maltrato de los niños.

Trata de no discutir con tu pareja frente a tus hijos. Estas escenas perturban a los hijos. Si esto llegara a pasar, enséñale a tu hijo o hija que aun cuando dos personas se aman, a veces tienen disgustos, desacuerdos y discusiones.

 

La paternidad perfecta no existe

Los padres sin defectos no existen. Busca mejorar cada día, pero sin el estrés de ser perfecto, pues todos los papás -seres humanos al fin-, de alguna forma, cometen errores.

Trabaja cada día en “conectarte” más con tus hijos, en amarlos, educarlos, perdonarlos y corregirlos. Predica con tu mismo ejemplo para que tus palabras no les suenen vacías, esto es fundamental.

Hay varias ventajas de ser un papá joven, entre ellas que cuentas con más energía que la que podrías tener a una edad más adulta, y que por los pocos años de diferencia que les llevas a tus hijos puedes comprenderlos más.

Guía a tus hijos hacia el profundo amor de Dios. Afirma sus vidas en los fuertes cimientos de Jesucristo.

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