Transforma tu miedo en “coraje saludable”. Mi Camino.cl. 13/12/2018

¿Has sentido miedo alguna vez?

 

El miedo es un sentimiento habitual en el hombre. Sin embargo, es necesario diferenciar entre el miedo normal y preventivo y el miedo anormal, patológico, que no nos permite vivir y amar en libertad.

 

Este relato podría ilustrarnos el tema:

 

En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto: a sus prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre.

 

En esta sala, les hacía formar un círculo y les decía: “Ustedes pueden elegir entre morir a flechazos por mis arqueros o pasar por aquella puerta. Detrás de esa puerta, yo los estaré esperando”.

 

Todos elegían ser muertos por los arqueros.

 

Al terminar la guerra, un soldado, que por mucho tiempo había servido al rey, se dirigió al soberano:

 

– Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?

 

– Dime, soldado.

 

– Señor, ¿qué había detrás de la puerta?

 

El rey contestó:

 

– ¡Ve y mira tú mismo!

 

El soldado abrió temerosamente la puerta, y, a medida que lo hacía, entraron rayos de sol, y la luz invadió el ambiente.

 

Finalmente, sorprendido, descubrió que la puerta se abría sobre un camino que conducía a la… ¡libertad!

 

El soldado, embelesado, miró a su rey, quien le dijo:

 

– Yo les daba la oportunidad de hacer una elección, pero, por temor, preferirían morir antes que arriesgarse a abrir esa puerta.

 

 

El miedo normal

El miedo normal-preventivo es un valor fundamentado en la lógica, que es fuente de protección y vida, de prudencia, de amor y libertad; nos previene de desdichas, de situaciones de peligros y hasta de enfermedades.

 

Por tanto, es miedo precavido, defensivo. Es una respuesta inteligente ante un peligro real. Este miedo es valorativo y nos preserva, nos cuida.

 

 

El miedo anormal nos hace esclavos

El temor, cuando es patológico, suscita inhibición y muerte anímica, afectiva, emocional, sentimental e intelectual, social, valórica y hasta espiritual.

 

El miedo es una señal que indica una falta de recursos para enfrentar una amenaza.

 

Este se convierte en patológico cuando la manera de enfrentar aquello que nos atemoriza incrementa el miedo, haciendo que nos paralicemos, sintiéndonos incapaces de gestionar nuestra vida.

 

El coraje no es la ausencia de miedo

Cuando trabajamos nuestros miedos, descubrimos que esto no solo nos fortalece, sino que, además, constituye un gran avance hacia nuestra madurez personal.

 

El coraje no es la ausencia de miedo. Es la capacidad de ir hacia adelante, a pesar de nuestros miedos o nuestro dolor.

 

La espiritualidad nos ilumina el camino

El miedo puede ser ausencia de fe en Nuestro Padre amoroso, ausencia de seguridad de que Él quiere lo mejor para nosotros, que nada ocurrirá sin que Él lo permita, y, si Él lo permite, es porque hay algo que necesitamos aprender para continuar el camino de crecimiento.

 

El miedo nos impide amarnos a nosotros, al mundo, y a Dios.

 

Al miedo podemos enfrentarlo recitando estos Salmos:

 

El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién podría yo temer? El señor es la fortaleza de mi vida; ¿quién podría infundirme miedo? (Salmo 27:1)

 

El Señor está conmigo; no tengo miedo de lo que simples mortales me puedan hacer (Salmo 118:6)

 

Estas palabras de las Escrituras no expulsarán el miedo de manera sencilla, pero nos ponen en contacto con lo que ya está dentro de nosotros, aunque oculta: la confianza.

 

De este modo, la confianza, que yace en nuestro interior, puede hacerse consciente y crecer. Esto nos libera del miedo.

 

 

*Basado en el libro “Transformando nuestros sentimientos: una mirada integral”, de María Guadalupe Buttera y Roberto Federico Ré (Editorial San Pablo).

¡Compártelo!