Cómo superar el perfeccionismo para lograr tus metas

Imagina esta situación: llevas tiempo dándole vueltas en tu cabeza a ese emprendimiento que quieres lanzar, pero necesitas asegurarte de saber todo acerca del negocio, y así se pasan meses y años.

O esta otra: vas a cocinar para unos amigos el fin de semana, y te ofrecieron ayudarte en la cocina, pero allí no admites a nadie porque solo tú sabes hacerlo y, aunque el trabajo te sobrepase, mejor dos manos que cuatro o seis.

Si te identificas con situaciones similares a estas, admítelo, te gusta el perfeccionismo.

El Diccionario de la Real Academia Española define al perfeccionismo como la “tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”.

Y si nunca consideras que algo ya está acabado, ¿crees que podrás lograr las metas que te propones?

El perfeccionismo te lleva a la ansiedad

Algunos de los rasgos de las personas perfeccionistas son los siguientes:

  • Evitan el trabajo en equipo, pues solo ellas lo saben hacer bien.
  • Sufren de falta de confianza.
  • Son inseguras.
  • Padecen de una frustración continua.
  • No disfrutan de lo que se ha hecho bien.
  • Son muy irritables a la crítica.

“Ser perfeccionista está relacionado con una falta de seguridad y de confianza. Las personas perfeccionistas suelen ser muy críticas y rígidas en su pensamiento. Si bien es cierto que son incansables a la hora de perseguir sus metas, sienten una gran presión que les produce mucho sufrimiento y que no les permite alcanzar sus metas, ya que nunca están satisfechas con el resultado de sus acciones y consideran sus errores como indicadores de su valía personal”, explica la psicóloga Judit March Fuentes, doctora en psicología clínica y psicoterapeuta.

El perfeccionista se siente mal cuando rompe su patrón mental: un pequeño desvío y ya se siente fracasado.

Esta conducta impide a la persona lograr sus metas, pues si no hace la tarea de forma perfecta esta “no cuenta”, dice la coach nutricional Gillian Bennett, quien lo ejemplifica desde su área de experiencia: “Creemos que, si saltamos la dieta en alguna comida, todo el progreso que hemos conseguido se estropea y que hemos fallado. ¡La realidad es que ser menos perfeccionista en la dieta puede ayudar!”.

March Fuentes añade que “las personas con este rasgo de personalidad acostumbran a tener problemas de ansiedad, cansancio excesivo o incluso falta de motivación, llegando a bloquearse ante el miedo de no realizar la tarea en el nivel de exigencia que se proponen”.

La ansiedad, aunque es una respuesta natural del organismo ante situaciones de estrés, en un estado agudo impide la realización de actividades, obstaculizan el éxito laboral, entorpecen la relación con los demás y atentan contra la autoestima.

Confía y date permiso para equivocarte

La psicóloga March Fuentes refiere que hay técnicas en la psicoterapia que permiten “cambiar guiones de vida basados en la hiperexigencia y el perfeccionismo por otros más adaptativos en los que la persona puede darse el permiso a equivocarse, a no gustar a todo el mundo y a hacerlo suficientemente bien sin entrar en conflicto ni experimentar ansiedad”.

Y es que, incluso en empresas altamente creativas, cuyos productos son dignos de admiración (pongamos el ejemplo de los estudios Disney-Pixar, creadores, entre otros, de películas como Toy Story), los empleados tienen el permiso de equivocarse y sin que esto sea visto como reprochable, pues los errores sirven para aprender. Entonces ¿cómo pretendes seguir siendo perfeccionista?

“El orgullo humano es presagio del fracaso; la humildad es preludio de la gloria” (Proverbios 18:12).

Debido a que el perfeccionista tiene mucha motivación al logro, es necesario buscar otro tipo de motivaciones y relajarse.

Desde una perspectiva cristiana, te recomendamos reconocer las bendiciones que Dios te brinda cada día. Piensa en los logros y las posesiones en lugar de enfocarte solo en los desaciertos o carencias. Dale gracias a Dios por todo lo que te regala y recuerda que muchas de las cosas más preciadas de la vida no tienen un valor económico.

La Biblia, fuente de sabiduría, nos alienta a enfrentar los problemas con confianza y teniendo flexibilidad en la toma de decisiones: “El orgullo humano es presagio del fracaso; la humildad es preludio de la gloria” (Proverbios 18:12).

*Redacción: Moisés G. Hernández

*Foto usada en imagen: William Moreland – Unsplash


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