¿Es cierto que Dios permite tanta maldad y tanto sufrimiento? veamos el sufrimiento desde el punto de vista de la biblia. En ella encontramos que Dios hizo al ser humano bueno, y no como es ahora.

Cuando Dios creó al hombre le dio una cualidad que no poseía otra cosa creada: voluntad propia. Eso quiere decir que Adán y Eva, no eran robots. No eran esclavos ni peones que tenían que arrastrarse y servir al amo. Por el contrario, fueron libres para elegir, amar y obedecer a Dios por propia voluntad, simplemente porque Él es digno de tal respeto.

Pero, junto con esta cualidad positiva, existía también la posibilidad de una elección contraria. Siendo los hombres libres para amar y obedecer, también lo fueron para odiar y rebelarse.

¡Qué torpe puede ser Dios!, protestamos, ¿acaso no sabía lo peligroso que podía ser darnos tanta libertad? Sin embargo, nuestras protestas contra Dios suenan huecas cuando pensamos en nuestra actitud general respecto a la libertad.

En el deseo de darnos verdadera libertad, Dios creó al ser humano con voluntad propia. Desgraciadamente, la humanidad ha elegido desobedecer las leyes de Dios, y como resultado, tenemos el atribulado y doliente mundo de hoy. Abusamos de nuestra libertad y llegamos al extremo de pensar que somos dueños absolutos del mundo.

Pero, como ni siquiera podemos administrar correctamente lo poco que tenemos, cuando hay problemas nos justificamos y le echamos la culpa a Dios por las fallas que cometemos, y lo acusamos de despiadado e insensible.

Es hora de ser sinceros con nosotros mismos: somos los responsables de la maldad y el dolor que se encuentran en el mundo.

Dios no fabrica bombas y las deja caer en las ciudades; el hombre sí. Dios no hace mal uso de las tierras para que no haya suficiente producción de alimentos; el hombre toma las decisiones cuyo resultado es la escasez de alimentos. Dios no maltrata a los niños, ni es el inventor de las mil y una formas de pecar que existen; es la humanidad, de la cual todos somos parte. Admitirlo hiere nuestro orgullo, pero no hay duda, la culpa es nuestra.

Quizá piense: ¿Me están pidiendo que crea en esa vieja historia de Adán y Eva en el paraíso, y de la serpiente que los engañó? Sí. Aunque le sea difícil aceptar esa historia, no puede negar la evidencia actual que la respalda. El ser humano persigue constantemente sus fines egoístas a expensas de los demás. Y por ello, por mucho que trate, no puede hacer una civilización ideal.

Después que Adán y Eva desobedecieron, Dios les dijo que a partir de ese momento la vida sería dura. Adán trabajaría con mucho sacrificio para ganar lo suficiente y poder mantenerse él y su familia. Eva sufriría intensos dolores al dar a luz. Y sobre todo, cuando ambos hubieran agotado sus vidas, morirían. No podemos evitar la muerte. Es la última de las tragedias que sufrimos y nadie escapa de ella. Cada persona que muere es una evidencia más de que la humanidad no es feliz y que la vida en esta tierra no es como Dios quiso originalmente que fuera.

Para la reflexión…

1. ¿Cuándo veo tanto sufrimiento en el mundo, culpo a Dios, considerándolo despiadado?

2. ¿Cuál es mi respuesta a la pregunta: Cómo un Dios bueno permite la maldad?

3. ¿Asumo mi responsabilidad sobre que también he preferido vivir ignorando a Dios?

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*Extracto del folleto “Fortaleza para tiempos difíciles” de CPTLN-Chile

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