No es fácil aconsejar a las personas miedosas. En parte porque es bastante penoso descubrir y enfrentar las causas del miedo, y en parte porque el miedo es psicológicamente contagioso. Las personas miedosas frecuentemente nos vuelven miedosos, incluso a quienes estamos tratando de ayudar. Aconsejar a estas personas, por lo tanto, exige a quien lo haga, estar alerta y seguro en cuanto a sus propios sentimientos. Seguidamente veremos algunas pautas para ayudar a una persona a superar sus temores.

Reconocer los propios temores

Cuando sentimos miedo en presencia de una persona con miedo, es prudente hacernos varias preguntas: ¿Por qué estoy ansioso en esta situación? ¿La persona siente miedo por algo que hace el mismo efecto en mí? ¿Mis temores se revelan en quien debo ayudar? Cuando consideremos nuestros propios temores, es posible que obtengamos una percepción mayor de los miedos del otro.

Amar y demostrar amor

El amor fue llamado la mayor de todas las fuerzas terapéuticas. Y en ningún caso esto es más cierto que en la reducción del miedo. La Biblia afirma que el amor echa fuera el temor:

“En donde hay amor no hay miedo”

1 Juan 4:18

El medio para expulsar el miedo es entonces: revestirse de amor.

Amar es darse. Temer es protegerse. El amor se mueve en la dirección de los otros; cuanto más amor, tanto menos miedo. Y mostrar amor, llevar a las personas a conocer el amor de Cristo y ayudarlos a experimentar la alegría de amar a otros, tiene un gran poder terapéutico para expulsar el miedo y la ansiedad.

Identificar las causas

Sería poco realista tener y proponer como única solución para  superar el miedo, que las personan experimenten y muestren amor. También es necesario identificar las causas de sus temores.

El miedo y la ansiedad son emociones propias del ser humano. Ellas advierten que existen peligros y conflictos interiores. No basta con decir a quien tiene miedo, que se anime o que deje de tener miedo. Debemos ayudarlo en la difícil tarea de descubrir las fuentes de sus temores para que pueda resolver los mismos. Y esto puede hacerse de diversas maneras:

a) Observando: Es importante observar a la persona para ver si se muestra ansiosa, cambia de posición, respira profundamente, o transpira cuando se habla acerca de algunos temas.

b) Reflexionando: Resultaútil hacer preguntas como: ¿Cuándo se siente con más miedo? ¿Cuándo no siente miedo? ¿Cuándo fue la última vez que sintió mucho miedo? ¿Qué estaba ocurriendo en su vida en ese momento?

c) Comprendiendo: Acordarse de la necesidad de paciencia y compresión. Por su propia naturaleza, el miedo surge frecuentemente como respuesta a  amenazas difíciles de identificar. Si forzamos a la persona a salir de la situación o la apresuramos a contar lo que está errado, podemos aumentar su ansiedad, dejándola más confusa. No lo olvide, es importante tener amorosa paciencia.

Alentar a salir del miedo

El objetivo no es eliminar todo temor, sino ayudar a la persona a tomar consciencia de la causa de sus miedos y después aprender a enfrentarlas. A fin de conseguir esto, se puede ayudar a la persona a identificar cosas específicas que puede realizar, logros que debe alcanzar y habilidades a ser aprendidas.

La persona debe ser orientada en el sentido de confrontar directamente la situación que le produce miedo, admitiéndola, y adelantándose a pesar de ella.

La persona debe recibir auxilio para seguir y para moverse a través de la situación que le causa miedo, en lugar de moverse alrededor o paralizada atrincherarse ante esta situación atemorizante. Para esto, debemos evitar discusiones intelectuales, que pueden ser reconfortantes, pero que nada hacen para ayudar a la personas a vencer sus miedos.

La persona debe entender que es más provechoso enfrentar e intentar vencer el miedo que entregarse a un estado de ansiedad penosa. El valor no consiste en la ausencia de miedo, sino en la capacidad de proseguir a pesar del miedo.

Dar apoyo

Como vimos, las personas con miedos no pueden ser ayudadas por personas tensas e impacientes. El ayudador, por lo tanto, debe ser calmo, alentador, y sobretodo, paciente al observar el progreso que a veces se da muy lentamente.

Pueden existir situaciones en que realmente nada podamos hacer contra la causa del miedo. En esas ocasiones, es de especial importancia mostrar un apoyo cordial y comprensivo a esta persona y aconsejarle consultar con algún psicólogo o consejero espiritual.

*Extracto del folleto “Los Miedos” de CPTLN-Chile

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