Muchas personas definen la ansiedad como miedo al futuro, o a situaciones que aún no acontecen. Si tuviéramos que definir el termino “ansiedad”, seguramente no tendríamos las palabras suficientes, esto se debe a que cada persona lo vive de diferente manera.

Personalmente puedo compartirles que me he encontrado ante muchas situaciones de ansiedad. La incertidumbre frente a lo que pueda pasar (o no…), o el miedo de no tener el control sobre las situaciones actuales o futuras; puedan llevarnos a desesperar y en algunos casos enfermar, y es que es lógico que tengamos el deseo de saber con certeza si todo lo que hacemos “saldrá bien”.

Pero, ¿qué significa para nosotros que saldrá bien?… tal vez que todo salga como yo lo he planeado, como lo anhelo, o de tal forma que me beneficie; pero si todo saliera a nuestro favor, ¿cómo podríamos aprender de las experiencias?, ¿cómo podríamos ser empáticos, ser acompañados o acompañar en momentos de aflicción?

Aunque las situaciones diarias nos generen ansiedad, es verdad que todo aquello que sucede en nuestra vida nos deja un aprendizaje, forja nuestro carácter, nos da experiencia, nos vuelve empáticos, nos enseña a confiar, y a esperar.

Y que difícil nos resulta “esperar”, aunque es una palabra pequeña y que usamos constantemente; cuando la ponemos en práctica se vuelve algo complicada, puede convertirse es una lucha diaria entre nuestros anhelos y los propósitos de Dios en nuestra vida, dejar que él haga su voluntad y no la nuestra nos puede llevar a la desesperanza y ponernos ansiosos por las situaciones del mañana; si el día de hoy sientes que la ansiedad, y la desesperanza te sobrepasan; permíteme compartir contigo este hermoso pasaje: “En medio de las preocupaciones que se agolpan en mi mente, tú me das consuelo y alegría.” Salmos 94:19

Esto no quiere decir que dejaremos de tener preocupaciones, aflicciones o sentir ansiedad por el mañana; pero si tenemos un Dios que lleva todas nuestras cargas, que cuida de nuestros pensamientos, que nos consuela y acompaña en todos estos momentos; y en él podemos descansar y encontrar esa alegría que nos permite vivir confiados.

Cuando te sientas ansioso; espera en el Señor, esto te permitirá disfrutar de lo que sí tienes, a agradecer por todo aquello que en amor te ha sido dado, a esperar en el silencio y agradecer por todo aquello que también en amor te ha sido negado; confía y anda por fe; para que diariamente al finalizar el día puedas decir con certeza: En mi angustia clame al Señor, y Él me respondió.

Escrito por Por Victoria Aviles, Ciudad de México

Contenido cortesía de Vivenciar.net

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