Tengo que admitir, que escribir este tema no fue sencillo…

Actualmente me encuentro en el proceso de aprendizaje después de un suceso difícil en mi vida; y debo confesar, que esto me llevó a reflexionar el hecho de que, no siempre aprendemos equivocándonos, si no que también aprendemos de las situaciones diarias, de las pérdidas, las circunstancias, la enfermedad, las traiciones, el abandono, el dolor, el desamor, … todas las circunstancias nos enseñan algo.

A veces las personas cometen errores o toman decisiones que nos pueden causar un gran dolor, y es en medio de esto que tenemos la oportunidad de  aprender y cambiar. Estas circunstancias nos enseñan acerca de nuestra capacidad de amar, de perdonar, de continuar, de confiar, y de esperar; si nosotros nos quedamos enganchados al dolor, al sufrimiento, al rencor y a la culpa, no habremos aprendido nada bueno y eso nos impedirá seguir. 

Ningún proceso es sencillo, no hay una fórmula para que el dolor no nos afecte y es que cada individuo lo vive de manera diferente. Algunos sentimos que el temor y el dolor nos paralizan, otros debemos pasar por la misma situación varias veces antes de aprender, otros lo asimilan de forma más rápida, pero la realidad es que todos atravesamos situaciones que nos dejan un aprendizaje, y esas mismas situaciones nos han ayudado a sobrellevar otras distintas, y todas ellas nos seguirán ayudando en un futuro; porque es cierto que en este mundo tendremos aflicciones, pero también tenemos esta hermosa promesa que me encantaría compartirte: 

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41.10 – RVR60).

 No temamos, ni desmayemos ante las situaciones que estemos atravesando, ya sea por un error nuestro, o de alguien a quien amamos, sea cual sea la circunstancia, confiemos en que nuestro Padre Celestial se encuentra con nosotros en medio de las pruebas, Él nos sostiene y nos ayuda a llevar nuestras cargas. 

 Recuerda que nuestra vida no puede mantenerse estática, tendremos altas y bajas, pasaremos por momentos de alegría, de aflicción, de espera y de silencio.

 Si hoy te encuentras en el proceso de reencontrarte con tu identidad de hijo de Dios, si hoy sientes que has caído, permite que el Señor te levante, te sostenga y te esfuerce.

No dejes que los errores entristezcan tu alma, o turben tu corazón, en medio de cada circunstancia, Dios te dará las fuerzas para salir adelante.

Por Victoria Aviles, Ciudad de México

Contenido cortesía de Vivenciar.net

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