Se suele escuchar que ser padres es sentir una mezcla de alegría, preocupación, miedo dolor, resentimiento y satisfacción.

La persona adulta es capaz de ser un padre responsable, tierno y amoroso, sin embargo es bastante común en nuestra sociedad que la paternidad se abandone o se haga “a medias”. Existen padres que golpean a sus hijos; padres que solo cubren las necesidades materiales de sus niños, o que no les dan amor y la atención que necesitan; y están aquellos que ni siquiera conocen a sus hijos.

Ser padres no es fácil. No se trata solamente de tener hijos, criarlos, vestirlos y educarlos. Hay que amarlos e integrarlo en una relación completa, creativa y sin barreras. Esta relación trasciende y perdura más allá de las separaciones, el divorcio y aún la muerte.

La presencia de los padres es fundamental para que los hijos crezcan y se desarrollen en su identificación personal, sexual y social. El hijo abandonado por sus padres o por uno de ellos, suele sentirse a la deriva, indefenso, inseguro de sí mismo y marginado. Suele faltarle voluntad para luchar en la vida, porque carece de modelos de padres que le hayan dado el ejemplo necesario.

No se puede hablar de ser padres perfectos, estos no existen. Todos los padres cometen errores, pero en la gran mayoría de los casos, el hijo logra superar con éxito las deficiencias de sus progenitores si en el ambiente donde se cría hay amor, perdón, y dedicación constante hacia el bienestar físico, social, emocional y espiritual de la familia.

Queremos ante todo que usted vea de cerca el mejor modelo de padre que existe. Nos referimos a Dios, nuestro Padre celestial. Estamos seguros que su ejemplo le puede enseñar a ser un padre más amoroso y responsable.

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