No hay un solo tipo de joven. Todos crecemos en diferentes lugares y condiciones. Además, hay cuestiones de época; por ejemplo, escuche la época en que los jóvenes eran tratados básicamente como seres inacabados que solo se completarían cuando llegaran a la edad adulta. Cuando lograron la independencia económica y asumieron responsabilidades familiares y sociales.

Así, este joven sujeto fue casi invisible y precipitadamente clasificado en una denominada fase de rebeldía e inmadurez. ¿Es hoy?

Los jóvenes contemporáneos han llegado a ocupar uno de los espacios más destacados en nuestro mundo globalizado y en las tecnologías vinculadas a internet. Ellos son los que se mueven cada vez más y con gran destreza en el territorio del mundo virtual y remoto, el ciberespacio.

Y, en este espacio, circulan los principales pensamientos y valores vividos y compartidos a nivel mundial en la actualidad. Asimismo, podemos decir que el mundo ha pasado de ser “de paredes” (ejemplo: comercio físico, educación presencial, iglesia física) a ser “de redes” (ejemplo: comercio virtual, educación a distancia, iglesia virtual y metaverso).

Pero si, por un lado, se han vuelto visibles y socialmente importantes, por otro lado, esto no significa que nuestros jóvenes no necesiten ser escuchados en sus necesidades actuales.

Creo que es importante partir de la reflexión de que hay jóvenes diferentes y en contextos diferentes. ¿De qué joven estamos hablando?

Quienes viven en un barrio de clase media en una ciudad (metrópolis) viven en condiciones diferentes a las de la periferia. Alguien que goza de buena salud tiene experiencias diferentes a las de alguien que necesita asistencia médica constantemente. Alguien que tiene acceso a una educación de calidad tiene diferentes oportunidades que alguien que tiene que abandonar la escuela para ayudar a mantener a la familia. Quienes reciben una marcada orientación religiosa tienen valores éticos y morales diferentes a quienes crecieron en un ambiente antirreligioso, o sin este tipo de orientación.

 Así, los dilemas se amplifican porque los jóvenes se desarrollan en formas culturalmente desiguales y en espacios diferentes.

Si eres alguien que se preocupa sinceramente y está dispuesto a actuar en favor de las necesidades de nuestros jóvenes y darles voz, seguramente Dios te bendecirá con sabiduría y condiciones para ello. De hecho, la Biblia advierte que los adultos saben comportarse correctamente en el trato con los jóvenes; cuando dijo: «…no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten». – Colosenses 3:21.

Es decir, que empaticen con las necesidades de los jóvenes para comprenderlos a partir de sus diversas y actuales condiciones. Y así, actuar apropiadamente.

Ahora bien, para los jóvenes que se manifiestan en la contemporaneidad, está la guía inmutable de la Palabra de Dios, que dice: “Jóvenes, disfrutad de vuestra juventud y sed felices mientras sois jóvenes. Haz lo que quieras y sigue los deseos de tu corazón. Pero recuerda una cosa: Dios te juzgará por todo lo que hagas. No dejéis que nada os inquiete ni os haga sufrir, porque la juventud es efímera”. – Eclesiastés 11:9-10.

En otras palabras, tú que eres joven, asegúrate de vivir intensamente la fuerza de la juventud y, al mismo tiempo, úsala tanto como puedas para glorificar a Dios y llevar a más personas a Jesús. No malgastes tu tiempo y la fuerza de tu edad en tonterías.

Por Gerson Dieter Prates, Teólogo y Maestro en Educación.

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